miércoles, 10 de abril de 2013

Diario de diseño: Aerith (IX)

No soy de dejar que las cuestiones estéticas condicionen todo. Sin embargo, trato de no quitarles toda importancia, porque siguen estando ahí. Somos seres visuales, y a través de las imágenes vehiculizamos recuerdos, fantasías, todo tipo de emociones y sensaciones.

Antes de que alguien pregunte, esto apareció en mi
Facebook. La modelo es la misma mujer que ha armado
este curioso sostén, el cual según ella pesa lo suficiente
como para dar dolor de espalda al poco tiempo
(¡¡¡es de metal verdadero!!!). Fans de lo que sea.
Hace tiempo me planteé un pequeño debate interno acerca de uno de los tópicos de la fantasía medieval más visuales pero también más cuestionados: el bikini chainmail.

Para los que no conozcan el término (modo educativo on) se refiere a la repetida costumbre de dibujar a las mujeres guerreras con suficiente ropa como para poder competir en un concurso de Miss Mundo (sección trajes de baño), dejaron expuesta gran parte de su cuerpo a flechas, espadas y dagas, mientras sus enormes pechos van protegidos por cota de malla o corpiños hechos de escamas de metal (modo educativo off). Con ligeras variaciones, este estereotipo de mujer fuerte, cargada de grandes pechos y la suficiente suerte como para evitar ser atravesada por lanzas en sus vulnerables estómagos ha aparecido en la literatura fantástica desde sus inicios, cuando las historias se publicaban en revistas pulp, y ha continuado a través de los comics y la televisión en personajes como Red Sonia y Xena. Obviamente, también se traspasó a los juegos de rol de todo tipo.

Pero lo que es parte del arsenal visual y narrativo de un género ahora resulta sexista, tal vez algo anticuado y por supuesto, totalmente poco razonable. Más allá de los argumentos negativos referentes a la cosificación de la mujer, ¿qué historia puede sostenerse en la cual los personajes femeninos vayan a combatir sin armaduras reales, exponiendo casi todas las partes vitales?

Ilustración original de Fernando Kern,
quien espero me perdone el mostrarla porque
no estaba contento con ella. Después de
no todo, no es más que un boceto.
Y es ahí cuando ese debate se encendió en mi cabeza. Estaba ideando un comic, justamente de fantasía medieval/oscura, y me interesaba plantear algo de bikini chainmail. Pero también quería excusas narrativas; ¿por qué estas mujeres irían vestidas así? Podía ser que hiciera mucho calor. Utilicé este argumento, como exploración, en una novela, en la que los personajes van casi siempre con poca vestimenta, incluyendo uno de los protagonistas, un guerrero. Sin embargo, no era un detalle que fuera muy mencionado y realmente no tenía mucho valor. Necesitaba algo más.

Allí apareció parte de lo que ahora es Aerith. Y aunque este algo es un pedazo pequeño, me siento contento de contar la anécdota, para reflejar cómo estuve pensando en el juego, indirectamente, desde hace tiempo.

Estaba metido con un comic, como decía, en el que había una buena cuota de magia. Entonces se me ocurrió, ¿puede ser que los guerreros tengan alguna forma fácil de convocar algún tipo de protección?

Recordé los escudos personales que tienen ciertos personajes en Dune. Estos no darían una protección total, pero dificultarían los ataques y reducirían los daños, desgastándose luego de un tiempo.

¿Podrían ser joyas, o rocas semipreciosas, gemas de algún tipo? Estonces podrían ser engarzadas en cinturones, medallones, diademas, etc. Reyes, reinas, princesas y emperadores podrían camuflarlas en sus tocados y coronas, para evitar ataques a traición.

Pero además de esto, muchos guerreros podrían tenerlas e integrarlas a su arsenal, usando poca armadura, del tipo más flexible y liviana, permitiendo así tener un estilo de combate más rápido y agresivo sin descuidar su cuerpo.

Así que ahí tenía mi explicación. La integré al guión, aunque lamentablemente, después el comic quedó allí apartado y no pudimos seguirlo. Pero la idea siguió en mi cabeza.

Aquí entra a jugar Frank Frazetta.

Como comenté anteriormente, este genial ilustrador es una de mis principales inspiraciones visuales para Aerith. Mirando muchas de sus obras, podemos ver toneladas de bikini chainmail. Pero, lejos de recurrir a muchachas pulposas o a damiselas perpetuamente débiles y en peligro, él supo expresar una historia antes de la imagen que dibujaba. Todo queda en tensión, pero podemos ver que aquella mujer está ahí por una razón, y que hará la diferencia.

Tal vez una de las ilustraciones que más muestra esto es la que aparece aquí a la derecha, una de mis favoritas: Eowyn enfrentando al Rey Brujo de Angmar, uno de los momentos más memorables de El Señor de los Anillos.

Ahora bien, Eowyn no es una mujer común, y creo que eso queda bien claro tanto al leer el libro como al ver esta ilustración. Frazetta no caía en el sexismo típico del bikini chainmail por el simple hecho de que sus mujeres, aunque tuvieran curvas generosas, podían ser verdaderas heroínas y temibles villanas, dotadas, por sus poses, sus ojos y sus miradas, de enorme poder, más allá del que la seducción pudiera darles. En él vemos damas desnudas en las mesas de brujos sacrificadores; pero también amazonas o reinas despiadadas que ordenan la ejecución de algún prisionero, así como mujeres armadas capaces de enfrentar los mismos peligros que sus compañeros hombres.

Más allá de que de sus ilustraciones pudieran ser comisionadas y él no fuera autor total de la idea detrás de ellas, lo cierto es que con unos pocos detalles podía mostrarnos personajes femeninos tremendamente interesantes, y no siempre desvalidos.

Otra cosa que queda clara es que no se quedaba en desnudar mujeres solamente, sino que no tenía tapujos a la hora de dibujar hombres parcial o totalmente desnudos, a veces ataviados apenas con un casco, botas y taparrabos. Tanto hombres como mujeres enfrentan muchas veces a sus enemigos con espadas que cuelgan de delgados cinturones hechos de aros de metal. A pesar de los lujosos y vistosos adornos sobre sus pechos, brazos o piernas, pareciera no haber suficiente material como para cubrirlos por completo. Esto los hace más vulnerables pero también más fuertes, porque al verlos enfrentar a peligros mortales de esta manera uno tiene en claro que allí se juegan el todo por el todo y que no habrá ningún tipo de concesión.

Ni qué decir que para lograr todo esto había que tener una enorme habilidad para la anatomía humana, algo en lo que Frazetta siempre se destacó. Sus estudios del cuerpo humano son tremendamente dinámicos y expresivos, incluso al plantear personajes en situaciones totalmente inusuales.



 ¿A donde nos lleva todo esto? Pues que en Aerith terminé incorporando la idea de las joyas mágicas que funcionan como escudos. Si bien su importancia en los primeros bocetos era mayor, y la he reducido bastante, quiero utilizarlas como excusa para plantear un estilo visual de los personajes, sin perder flexibilidad narrativa.

Después de todo, tiene sentido que en un mundo en donde el metal es muy caro y escaso, muchos guerreros, aventureros y exploradores tengan más opciones a la hora de protegerse. Un casco, una hombrera o placa de pecho hecha de metal, además de costosas, son claros objetivos para ladrones asesinos. El que tiene metal tratará de esconderlo para evitar ser catalogado como blanco, así como para pasar desapercibido en cualquier parte, a menos que busque, justamente, llamar la atención pareciendo rico o muy poderoso.

Por esto, mucha de la protección caerá sobre el cuero, las pieles y algún que otro material más o menos duradero y flexible. Y en regiones muy calurosas, o por cuestiones de estilo o necesidad, estas armaduras serán complementadas por grupos de estas joyas cargadas con Aerith, de manera que esta sustancia mágica cree un ligero campo de protección. La idea es que esta carga no dure más que un combate, pero pueda ser recargada fácilmente por cualquiera que tenga el Secreto indicado (uno de los que resulta fácil de aprender).

La cuestión se cierra también al pensar el mundo de Aerith como un sitio donde todo tiene un precio elevado, incluso la ropa y la armadura. Un lugar en el que una piel de animal es algo que uno no arriesgaría a romper o perder en un combate. Un sitio en el que puede resultar una sabia inversión la compra, costosa, de un grupo de gemas mágicas que no van a romperse y que pueden ser recargadas por cualquier aprendiz de hechicero que uno encuentre vagando por ahí. Un sitio con muchos lugares desolados, como el que plantea Frazetta en innumerable cantidad de obras.





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